17 de enero de 2014

Mi encuentro con Woody Allen:el día que lo perseguí


“Nos sacó de la duda: ¿Qué hace esa chica con este tipo?” En una de sus campañas publicitarias, la revista Rolling Stone planteaba la interrogante junto a una foto de Woody Allen ¿Por qué mujeres como Mia Farrow y Diane Keaton, dos de las actrices más rubias, solicitadas y talentosas de su generación, perdieron la cabeza por Woody? Hoy, puedo llevar esa pregunta a mi propia vida ¿Por qué una chica como yo, a mis veintitantos, está loca por un tipo como él, setentón, desaliñado, “pervertido-incestuoso”, con un cúmulo de problemas de neurosis, autoestima y negativismo a cuestas, que está en terapia desde que cumplió la mayoría de edad? Sin embargo heme aquí, perdida por Woody. Citando sus frases célebres, con sus películas rebozando mi estante, tomando café en un tazón con su cara y con mis cercanos preocupados por mi salud mental.

El amor es ciego, pero nunca tanto. Porque más allá de la edad y el semblante de autopsia que hoy luce su enjuta humanidad, sé que Woody tiene cero sex appeal. Pero es tan brillante que se sobrepasa a sí mismo, y tan enrollado y neurótico que no se soporta a si mismo. Justo mi tipo de hombre. Para mí, su encanto radica en su torpeza pre-meditada y en una inteligencia aguda, disfrazada de absurdo, que provoca aplaudir cada una de sus torpezas. Así como creó en sus películas una especie de “Woody en el país de las maravillas”- lleno de personajes que piensan como él, hablan como él, se visten como él y enamoran a todas las heroínas de turno- yo creé mi propio mundo de fantasía alrededor de Woody. Un mundo dónde el destino hacía justicia, Scarlett y Penélope desaparecían del mapa y el director descubría en mí a la musa latina que daría inspiración a sus últimos y fructíferos años de vida.

Un viaje fortuito a Nueva York se transformó en la ocasión perfecta para cumplir mi sueño. Los lunes, sólo durante algunas temporadas, Woody toca el clarinete con la banda The Eddie Davis New Orleáns Jazz en elHotel Carlyle. Ahora que ya sabía dónde encontrarlo, me embarqué en busca del encuentro, dejando tras mío una estela de expectativas y promesas entre mis cercanos; tenía que volver con la misión cumplida, aunque tuviera que humillarme para lograrlo. Mis primeras horas en Nueva York no fueron muy promisorias; las entradas estaban agotadas hace un mes, y por un mes. Al oler mi desesperación, el portador de las malas noticias- el recepcionista del hostal- me dio un mensaje de esperanza: “anda al hotel, pon cara de pena y cuéntales tu historia. Dar pena siempre resulta”.

Así lo hice. Crucé el Central Park completito, ensayando la historia de la niña que vino del
tercer mundo sólo para ver de cerca a su ídolo. Recién había empezado mi discurso lastimero cuando el administrador del hotel me hizo callar. “Hoy es imposible, pero vuelve el próximo lunes a las seis”, dijo. “Tendrás suerte”. Ese próximo lunes, llegué al Carlyle tres horas antes del concierto. Mi primer encuentro fue con Emilio, el portero del hotel, un salvadoreño que se sintió tocado por mi acento latino y mi entusiasmo desbordante. Emilio me llevó a conocer a Tony, el segundo eslabón de la cadena de favores, un maitre italo americano que parecía sacado del casting de El Padrino. Así, entre abuso de sonrisas, sin reservas, sin entrada y sin derecho a sentarme, me paré a esperar a Woody en el Café Carlyle. Aunque apenas le quedara aire para hacer sonar el clarinete. Aunque tocara el triángulo o la cajita china. Aunque sólo pudiera ver lo que queda de Woody.

Aparentando normalidad ante la elite presente, que enfrentaba con poco entusiasmo una noche más en el Carlyle, me paré en un rincón, lo más compuesta y estirada que pude. Pero apenas apareció en el escenario- silencioso, pálido y sin levantar la vista- se me desbordó la calcetinera que todas llevamos dentro. La más indigna de todas. Mientras gritaba, saltaba y bailaba lo que saliera de ese clarinete, Woody tocaba con los ojos cerrados, o agachaba la cabeza, bostezaba y se quedaba quieto. Nunca abrió los ojos, ni mostró alguna señal de afecto hacia el público presente, que ya empezaba a sospechar que había pagado 150 dólares por verlo dormir en el escenario. El desaire de Woody no hizo que mi ánimo decayera; es más, la hiperventilación pronto dio sus frutos, cuando un brasilero misterioso me invitó a conocerlo. Entre la champaña y la falta de vergüenza terminé persiguiendo al desconocido por los pasillos del Carlyle, mientras me prometía que Woody estaba esperando al final del arco iris. Finalmente, lo vi escabullirse hacia la puerta giratoria.  ¡Woody!, grité. Nada. “¡Woody!” grité más fuerte. Ante el silencio, corrí, me metí en la puerta,  los dos acorralados en un espacio minúsculo y giratorio. Le toqué el hombro. Se dio vuelta. No puedo decir que crucé miradas con él, quizás una sonrisa. ¿Puedo darte la mano?, le dije, en mi peor inglés. Me la dio, sin dejar de mirar al suelo. Simultáneamente, el cerebro me mandaba órdenes: “di algo inteligente, ojalá brillante. Es la oportunidad”. Entonces, ocurrió: “¡Woody, I love you! ¡I love you!”

Así, de un plumazo, todo se fue al suelo. Los sueños de grandeza, la esperanza de que viera en mi a su próxima musa latina intelectualoide. Ipso facto, me transformé en la perfecta presidenta del club de fans. Caí de cabeza en el canasto del montón. No contenta con la pérdida de dignidad, lo seguí hasta la calle, mientras el brasilero misterioso seguía mis pasos con la cámara, sin saber que en lugar de fotos estaba filmando un largo y tedioso video. Logré escabullirme entre la multitud que lo atosigaba, apoyé mi pera en su hombro y miré a la cámara, cachete con cachete de Woody. Y aunque en el video parezca posando con su efigie en el museo de cera, no importa demasiado. Esto de ser groupie nunca ha sido bilateral, sino más bien un acto de vanidad. Al menos, para mí lo fue. Porque no volví a Chile con las manos vacías, sino llena de los gérmenes seniles de Woody. Porque grité a los cuatro vientos todos mis sentimientos, aunque el mensaje sólo mareó al pobre anciano. Porque el registro audiovisual inmortalizó el momento en que compartimos espacio y tiempo, aunque él nunca se percató de mi existencia. Y porque después de verlo tocar el clarinete comprobé que, al igual que yo y el resto de los mortales, Woody Allen está lejos de la perfección. 

La evidencia: única foto que logré con Woody...

15 de noviembre de 2012

Ruby Sparks: Novia se escribe



(Publicada en El Dínamo, 15 de noviembre)

La hoja en blanco. Quizás no haya nada más aterrador, en especial para quienes nos cuesta creernos el cuento en esto de la escritura. Mientras el miedo te paraliza y cantan los grillos a lo lejos, la muy ingrata permanece ahí, pálida y desafiante, sin nada que aportar más que un potencial ataque de ansiedad y miopía precoz. Y si el pánico va ganando la partida, cualquier pensamiento fugaz, llamado de la naturaleza o red social disponible se transforma en la excusa perfecta para dejar de intentarlo.


Me gusta pensar que todos pasan por eso alguna vez: los genios, los aficionados, los mediocres. Que el asunto no siempre tiene que ver con talento y disciplina; a veces, solo se trata de valentía. O incluso, de suerte. Lo cierto es que hace meses no me llega ninguna de las anteriores. El espacio en blanco se ha transformado en mi peor y más silencioso enemigo.

De algo así se trata Ruby Sparks, la película que me devolvió el ímpetu de escribir y que ya está en nuestras carteleras. Mi amiga Rocío, con su asertividad habitual, me la recomendó; creo que sus palabras exactas fueron “ve esta película ahora ya”.  Imperativa, pero con cariño. Le hice caso y aquí estoy, llevo más de tres párrafos y sonrío cuando me acuerdo de la película que acabo de ver.  Y de la buena idea que, para variar, no se me ocurrió antes.

Situémosla en el mapa. La dirigieron Jonathan Dayton y Valerie Faris, los mismos de Little Miss Sunshine. La protagoniza Paul Dano, el mismo flaco daltónico de Little Miss Sunshine. La escribió-y también la protagoniza- Zoey Kazan, que no aparece en Little Miss Sunshine pero podría haber sido la hermana de Little Miss Sunshine, y que además, es nieta del director Elia Kazan, novia del antes mencionado Paul Dano  y se llama Zoey, como Zoey Deschannel y todas las homónimas cool y talentosas de chasquilla perfecta que por estos días se multiplican como gremlins. Un engranaje bastante bizarro que, al menos para mí, es sinónimo de buen augurio.

La película se centra en Calvin (Paul Dano) un joven escritor al que todos llaman genio, dado el éxito de su primera y única novela. Diez años después, sigue viviendo de ese batatazo sin lograr nada remotamente parecido.  El peso del éxito precoz le hace paralizarse frente a la hoja en blanco, a su vida sentimental y básicamente, al contacto con los demás seres humanos. “Escribe lo que puedas, y luego desaparece”, dijo J.D.Salinger después del éxito del “El guardián en el centeno” y antes de transformarse en ermitaño. Calvin no sólo admira a Salinger, sino que también quiere esfumarse de la realidad.

A modo de terapia, comienza a escribir a la mujer de sus sueños, una joven etérea  y atormentada a la que llama Ruby Sparks (Zoey). Con la idea de Ruby llega todo lo demás: la inspiración, la incontinencia verbal y el surrealismo. Cuando el susodicho empieza a encontrar sostenes en los cajones y desodorantes femeninos en su baño, la cosa se pone brava. Porque Ruby anda dando vueltas por su departamento, usando su camisa y comiendo cereales. Y no señores, no es un delirio: Ruby existe de verdad. Y Calvin tiene el poder para reescribirla a su antojo.


Aunque a veces se envicie con ciertos recursos, como la manipulación del otro a través de la escritura y la participación de secundarios estrellitas-  para mi gusto, Annette Benning y Antonio Banderas  suenan más a capricho que a un aporte- es talentosa esta Zoey. Y además pilla, pues se dio el lujo de poner bajo el yugo de la máquina de escribir a su pareja en la vida real. Según ella misma cuenta, la idea se le ocurrió un domingo cualquiera, al ver un maniquí tirado sobre unas cajas vacías. Sí, claro. Yo he visto muchos maniquíes en mi vida, acostados, sentados y parados, y todavía no hago una película…

Pero dejemos la envidia de lado. Es  buena Ruby Sparks. Y desconcertante, lo que la hace mejor. Si logras sobrepasar el escepticismo inicial- ese lugar poco feliz en el que muchas veces nos quedamos estancados- la película se transforma en una gran sorpresa, donde lo inverosímil  se resuelve con solvencia y  terminas entregándote con gusto a la dinámica de lo descabellado.

Aunque podría ser una comedia romántica, me parece mezquino encasillarla en un género. Es que la volada de Zoey va más allá. Quizás sea cine fantástico, incluso metafísico, o un híbrido en la que también encajan El Ladrón de Orquídeas, Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos (obvio), Zelig y mi querida La rosa púrpura del Cairo. Un delirio con moraleja, media cursi, pero cierta: lo peligroso de buscar el amor a medida es que si lo encuentras, termina por aburrirte.


“Enamorarse es un acto de magia. Escribir también lo es”, reflexiona Calvin  mientras digiere la locura que acaba de vivir, y entiende que más vale dejarse llevar que intentar soslayar lo inmanejable. Además, creo yo, escribir es un acto de fe. Es confiar en que, sea en esta u otra dimensión, lo que escribes está comenzando a existir.



PD: La película está ahora en cartelera. Apuraos porque intuyo que no va a durar mucho.


13 de marzo de 2012

TALLER CINE LATINOAMERICANO: UN LUGAR EN EL MUNDO

QUERIDOS SEGUIDORES DE ESTE HUMILDE PERO EMPEÑOSO BLOG:


Les cuento que a partir de abril de este 2012, cumpliré una de mis tareas pendientes: dictar un taller de cine, en vivo y en directo. Así es, con una querida amiga nos pusimos la misión de traspasar nuestros conocimientos e infinita pasión por el cine, a todos aquellos que compartan esa inquietud con nosotras. Además,  brindar un espacio dentro de la semana, para cambiar la rutina, ponerle color a la vida y conocer más de cerca este maravilloso arte que tanto queremos.


El 23 de abril empezamos a dictar el Taller "Cine Latinoamericano: un lugar en el mundo", en la Casa Observatorio Lastarria (Villavicencio 395, Santiago). El objetivo de este espacio es analizar y visitar el camino del cine latinoamericano como forjador de identidad, generador de cultura, documento artístico e histórico. 


Asimismo, conocer la relevancia de nuestro cine sudamericano, sus distintos matices, corrientes y formas de representar la variopinta idiosincrasia de los países que lo conforman -tanto en su individualidad como en su conjunto- y entender el lugar que ocupa en la industria cinematográfica mundial.
Importante: No se requieren conocimientos previos de cine. Sólo el entusiasmo y las ganas de saber.
Aquí les dejo el Programa, donde está toda la información. Cualquier cosa, me pueden escribir a paufrede@gmail.com. LOS ESPERO!!!

 
Programa Taller:
  • Imparten: Paula Frederick Mena y Rocío Casas Bulnes
  •  Lugar: Observatorio Lastarria. Villavicencio 395, Santiago
  • Inicio: 23 de abril de 2012
  •  Duración: 3 meses
  •  Todos los lunes, 19:30 – 21:30 hrs.
  • Costo: $ 35.000 mensuales
  • Correo electrónico: tcinelatinoamericano@gmail.com
  • Dirigido a todo público. No se requieren conocimientos previos de cine.


Descripción
Analizar y visitar el camino del cine latinoamericano como forjador de identidad, generador de cultura, documento artístico e histórico. Se buscará observar sus distintos matices, corrientes y formas de representar la variopinta idiosincrasia de los países que lo conforman, tanto en su individualidad como en su conjunto. Para ello, además de analizar información cinematográfica podrán ser incluidos materiales literarios, visuales y de otra índole artística.
Algunas de las preguntas centrales a responder serán: ¿Cuáles son los elementos característicos y diferenciadores que hacen destacar al cine latinoamericano en el escenario cinematográfico mundial? ¿Qué diferencias y paralelismos hay en la filmografía de los distintos países latinoamericanos? ¿Qué relaciones mantiene la industria cinematográfica latinoamericana con la de los otros continentes? ¿Cómo dialoga el cine latinoamericano con la “historia oficial” y cuál es su propia narración respecto a la misma?

Contenidos centrales del programa:

Sesión 1
- Presentación del Taller
- ¿De qué hablamos cuando hablamos de “Latinoamérica” y de “cultura latinoamericana”?: cómo se construye a sí misma y ante los ojos del mundo.
- La ineludible mirada extranjera.
- Evolución del cine latinoamericano: ¿Cuándo nace? ¿Cómo se forja?
- Influencia europea. Principales exponentes: Argentina, México y Brasil. 

*Referencia filmográfica:
Nobleza gaucha (Argentina, 1915); Un duelo a pistola en el bosque de Chapultepec (México, 1896); El húsar de la muerte (Chile, 1925); Límite (Brasil, 1930)

Material complementario:
-Colón, Cristóbal y Vespucio, Américo. El nuevo mundo. Ed. UNAM. México, D.F. 2004.
- Santos Herceg, José. Conflicto de representaciones. América Latina como lugar para la filosofía. Ed. FCE. México, D.F. 2011

Sesión 2
- Encuentro de Cine Latinoamericano de 1967 (primer Festival de Cine de Viña del Mar): Aldo Francia, Miguel Littin, el cubano Tomás Gutierrez Alea y el argentino Fernando Birri.
- Nuevo cine latinoamericano: reflejo de una época signada por el sentir popular, las revoluciones sociales y la utopía.
-Influencia cinematográfica del neorrealismo italiano (El ladrón de bicicletas, Vittorio de Sica y El evangelio según Mateo (Pier Paolo Pasolini). 

*Referencia filmográfica:
Valparaíso, mi amor (Chile, Aldo Francia, 1969); El chacal de Nahueltoro (Chile, Miguel Littin, 1969); Los inundados (Argentina, Fernando Birri, 1961); Rio 40 graus (Brasil, Nelson Pereira dos Santos, 1955);  El ladrón de bicicletas (Italia, Vittorio de Sica, 1948); El evangelio según Mateo (Italia, Pier Paolo Pasolini, 1964)

- Dictaduras que han determinado rumbos del cine latinoamericano
- Revolución cubana, 1959: régimen de Fidel Castro. Movilización de las manifestaciones culturales y la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos ( ICAIC).
- La ideología en el cine pre y post-revolución en Cuba: Tomás Gutiérrez Alea (Memorias del subdesarrollo, La última cena), Humberto Solás (Lucía). Azúcar amarga; oposición al régimen de Castro.
-Dictaduras Argentina y Chile: quiebre en la producción cinematográfica

*Referencia filmográfica:
-Memorias del subdesarrollo (Cuba, Tomás Gutiérrez Alea, 1968); Fresa y chocolate (Cuba, Tomás Gutiérrez Alea, 1993); Azúcar Amarga (Cuba, León Ichaso, 1996); Julio comienza en julio (Chile, Silvio Caoizzi,1976); Sussi (Chile, Gonzalo Justiniano,1987); Vivir con alegría (Argentina, Palito Ortega, 1979); Tiempo de revancha (Argentina, Adolfo Aristarain 1981)

Material complementario:
-Muestra de la obra “El susurro de Tatlin #5”, por la artista Tania Bruguera (Cuba).

Sesión 3
-Edad de oro en México (décadas del 30, 40 y 50): La cara rosa de la moneda.
- Relación con la industria Hollywoodense
- Cine argentino y brasilero de la época, opacados por cine mexicano.
- María Félix, Dolores del Río y Pedro Infante: estrellas de exportación
-Clásica comedia mexicana: Tin tán, Cantinflas

*Referencia filmográfica:
Allá en el rancho grande (México, Fernando de Fuentes,1936); Doña Bárbara (México, 1943); Flor Silvestre (México, Emilio Fernández, 1942); Bugambilia (México, Emilio Fernández, 1945); Calabacitas tiernas (México, Gilberto Martínez Solares,1948)

Material complementario:
- Música mexicana de la época.
- Selección de fotografías de Juan Rulfo.


Sesión 4
- Cine mexicano
- Directores extranjeros en México: La fructífera obra mexicana de Luis Buñuel y Alejandro Jodorowsky (Los olvidados, Ensayo de un crimen, La montaña sagrada)
- Cine mexicano de exportación: Amores Perros, Y tu mamá también, El crimen del padre Amaro, Salvando al soldado Pérez
-  Tradición Fotográfica en Temporada de Patos
- Luis Estrada y caricatura política (El Infierno)

*Referencia filmográfica
Los olvidados (Luis Buñuel, 1950); Ensayo de un crimen (Luis Buñuel, 1955); La Montaña Sagrada (Alejandro Jodorowsky, 1973); Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000); Y tú mamá también (Alfonso Quarón, 2001); El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002); Temporada de patos (Fernando Eimbcke, 2004); El infierno (Luis Estrada, 20110); Salvando al soldado Pérez (Beto Gómez, 2011)

Material complementario:
- Selección de caricaturas políticas mexicanas, clásicas y contemporáneas.
- Presentación de una nueva divinidad contemporánea: la Santa Muerte.

Sesión 5
- Cine post-dictadura en Chile y Argentina
- El regreso a la democracia: nuevos aires del cine chileno. Gonzalo Justiniano, Ricardo Larraín, Miguel Littin
- Estreno de Palomita Blanca, 20 años después
- El regreso del cine argentino: Luis Puenzo, Adolfo Aristarain
-Argentina de exportación: Juan José Campanella y Nueve Reinas

*Referencia filmográfica
- Caluga o menta (Chile, Gonzalo Justiniano,1990); La Frontera (Chile, Ricardo Larraín,1991), Palomita blanca (Chile, Raúl Ruiz, 1973);  Johnny cien pesos ( Chile, Gustavo Graef-Marino,1993; La Historia Oficial (Argentina, Luis Puenzo, 1985); Un lugar en el mundo (Argentina, Adolfo Aristarain,1992); Pizza, birra, faso (Argentina, Bruno Stagnaro,1998); El hijo de la novia (Argentina, Juan José Campanella, 2001); Nueve reinas (Argentina, Fabián Bielinsky, 2000)

Material complementario:
- Selección de crónicas de la periodista argentina María Moreno.

Sesión 6
Cine y literatura:
- Eliseo Subiela y la poesía en imágenes audiovisuales  (Oliverio Girondo y Mario Benedetti, El lado oscuro del corazón, Pequeños milagros). 
- Cortázar en el cine (cuento “Las Babas del diablo” en Blow Up).
- Tradición literaria mexicana  (La ley de Herodes, Como agua para chocolate).
- Literatura chilena en el mundo (Ardiente Paciencia y El cartero, La casa de los espíritus).
- El mundo de José Donoso en el cine (Silvio Caiozzi y Coronación y Cachimba).
- La presencia de Vargas Llosa (Pantaleón y las visitadoras, La Ciudad y los Perros)

*Referencia filmográfica
El lado oscuro del corazón (Argentina, Eliseo Subiela, 1992); Pequeños milagros (Argentina, Eliseo Subiela, 1997); Blow up (Inglaterra, Michelangelo Antonioni, 1966); La ley de Herodes (México, Luis Estrada, 1999); Como agua para chocolate (México, Alfonso Arau, 1992); Il Postino (Italia, Michael Radford, 1994); La casa de los espíritus (Estados Unidos, Bille August, 1993); Coronación (Chile, Silvio Caiozzi, 2000); Pantaleón y las visitadoras (Perú, Francisco José Lombardi, 1999); La ciudad y los perros (Perú, Francisco José Lombardi, 1985)

Material complementario:
-Ibargüengoitia, Jorge. La ley de Herodes. Ed. Lecturas Méxicanas. México, D.F. 1987.
-Allende, Isabel. La casa de los espíritus. (sin más datos bibliográficos)
-Girondo, Oliverio. Obras completas. (sin más datos bibliográficos)
-Gelman, Juan. (selección de poesía)
-Benedetti, Mario. (selección de poesía)
-Esquivel, Laura. Como agua para chocolate. (sin más datos bibliográficos)
-Cortázar, Julio. “Las babas del diablo”. (sin más datos bibliográficos)
-Skármeta, Antonio. El cartero de Neruda. (sin más datos bibliográficos)
-Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras. (sin más datos bibliográficos)

Sesión 7
-Cine latinoamericano “Independiente”: una mirada hacia dentro
-  La belleza de lo contemplativo y del silencio.

*Referencia filmográfica
La teta Asustada (Perú, Claudia Llosa, 2009); El Perro (Argentina, Carlos Sorín, 2004); Whisky (Uruguay, Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, 2004)

Sesión 8
-Cine Brasilero: Doña Flor y sus dos maridos, Ciudad de Dios, Carandirú, Diarios de Motocicleta
-La diferencia de idioma y sus efectos en las interrelaciones culturales latinoamericanas.
- Brasil es considerado como la plataforma cultural más sólida en Latinoamérica.

*Referencia filmográfica
Doña Flor y sus dos maridos (Brasil, Bruno Barreto, 1976); Ciudad de Dios (Brasil, Fernando Meirelles, 2002); Diarios de motocicleta (Argentina-Chile-Perú, Walter Salles, 2004)

Material complementario:
-Diarios de Ernesto Ché Guevara.
-Selección de obras por artistas contemporáneos brasileños, en el área de la poesía, la música y las artes visuales.

Sesión 9
-Directores latinoamericanos contemporáneos absorbidos por la industria mundial:
- Fernando Meirelles (EL Jardinero fiel, Blindness)
- Walter Salles (On the road)
- Alfonso Cuarón (La Princesita, Hijos del Hombre, Grandes Esperanzas, Harry Potter)
- Alejandro Gonzalez Iñárritu (21 gramos, Babel, Biutiful)
- Guillermo del Toro (El Laberinto del Fauno)


*Referencia filmográfica
El Jardinero Fiel (Inglaterra, Fernando Meirelles, 2001), Blindness (Cánada, Fernando Meirelles, 2008); On the road (Francia, Walter Salles, 2011); La Princesita (Estados Unidos, Alfonso Cuarón, 19959; Hijos del hombre (Estados Unidos, Alfonso Cuarón, 2006); Grandes Esperanzas (Estados Unidos, Alfonso Cuarón, 1998); Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Inglaterra, Alfonso Cuarón, 2004); 21 gramos (Estados Unidos, Alejandro González Iñárritú, 2003); Babel (Estados Unidos-México, Alejandro Gonzalez Iñárritu, 2006); Biutiful (España-México, Alejandro Gonzalez Iñárritu, 2010); El laberinto del Fauno (España, Guillermo del Toro, 2006)

Sesión 10
-Latinoamérica según el mundo: cómo el cine europeo y norteamericano nos define a través de sus películas. Serge Eisenstein y Orson Welles en México: crónica de un fracaso anunciado (Viva México y It’s all true)
-Robert Rodriguez y El Mariachi). Viva Zapata (Elia Kazan) y el estereotipo del macho mexicano. Werner Herzog y la cultura amazónica (Aguirre, la ira de Dios, Fitzcarraldo, Cobra verde). La conquista española en También la lluvia). Reinaldo Arenas en Antes de que anochezca. Una visión de la dictadura chilena en Missing de Costa Gavras

*Referencia filmográfica
-El Mariachi (Estados Unidos-México, Robert Rodríguez, 1992); Viva Zapata (Estados Unidos, Elia Kazan, 1952); Aguirre, la ira de Dios (Alemania, Werner Herzog, 1972);  Fitzcarraldo (Alemania-Perú,Werner Herzog, 1982); Cobra verde (Alemania, Werner Herzog, 1987); También la lluvia (España, Iciar Bollaín, 2010); Antes de que anochezca (Estados Unidos, Julian Schnabel, 2001); Missing (Estados Unidos, Costa-Gavras, 1982)

Sesión 11
Cine chileno: La llegada del siglo XXI
El destape y el boom de taquilla (El chacotero sentimental, Sexo con amor, Los debutantes).
Nuevos clásicos: Andrés Wood (Violeta se fue a los cielos, Machuca)

*Referencia filmográfica
El Chacotero sentimental (Cristián Galaz, 1999); Sexo con amor (Boris Quercia, 2003); Los debutantes (Andrés Waissbluth, 2003); Machuca (Andrés Wood, 2004); Tony Manero (Pablo Larraín, 2008)

Sesión 12
-Novísimo cine chileno: La nueva ola del cine chileno y sus posibles proyecciones (La Nana, En la cama, La Sagrada Familia, Bombal, Joven y alocada, Violeta se fue a los cielos).
-Contraste con generación anterior (Boris Quercia, Cristián Galaz)

La Nana (Sebastián Silva, 2009); En la cama (Matías Bize, 2005); La Sagrada Familia (Sebastián Lelio, 2006); Joven y alocada (Marialy Rivas, 2012); Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood, 2011)

Material complementario:
-Selección de la nueva ola de música chilena y la nueva ola de poesía chilena (a quienes también se les llama los novísimos).
-Cavallo, Ascanio y Maza, Gonzalo. El novísimo cine chileno. Ed. Uqbar, Santiago, Chile, 2011

 Sesión 13
Entrega de Ensayos
Discusión final


*No todas las películas mencionadas serán enteramente exhibidas durante las sesiones. Sin embargo, son aconsejadas como material complementario.

Material extra

Bibliografía y material artístico de apoyo, el cual se irá ofreciendo a los alumnos conforme el curso avance. Este material será optativo y se destinará a enriquecer las lecturas del cine latinoamericano.
Se pedirá al final del taller un ensayo de tema libre donde cada quien sintetice alguna idea surgida del cine latinoamericano.

Imparten:

Rocío Casas Bulnes
Titulada en Literatura y diplomada en Estudios de Arte. Investigadora y escribana cinéfila. Fue alfabetizadora para adultos en comunidades campesinas mexicanas. Ha investigado, escrito artículos, entrevistas y narrativa para publicaciones periodísticas y especializadas en México, Chile, Estados Unidos, España y Rumania. Pronto se publicará su primer libro, un compendio de ensayos sobre Shakespeare en el cine de Woody Allen.


Paula Frederick Mena
Periodista Universidad Diego Portales. Diplomada en Cine y Estética, PUC. Se desempeñó en medios como revista Fibra, revista Prende, revista Tendencia y Revista Paula electrónica, entre otros, dónde se especializó en entrevistas y columnas sobre cine y televisión. Actualmente escribe sobre cine en diario digital El Dínamo (http://www.eldinamo.cl/author/paula-frederick) y en el blog “La vida en 8 mm” 


31 de enero de 2012

"Melancholia" (Lars von Trier, 2011): De otro planeta

(Publicada en El Dínamo , martes 31 de enero, 2012 )


Ad portas de la 84°entrega de los premios Oscar, quiero hacer un salud por uno de las estrellas marginadas: Lars von Trier. Aquel danés dogmático, de mirada ruda y aire perverso, cuyo cine otrora despertara en mi instintos casi suicidas, me hizo recuperar la fe en el cine y en mi misma. Una muy querida amiga me recomendó su última película, Melancholía (2011), cuando yo empezaba a temer que nada podría devolverme las ganas de escribir.  Al escuchar aquel apellido compuesto, se me vinieron de golpe a la cabeza Bailarina en la oscuridad y Dogville, dos de las películas más inquietantes que he visto en mi vida. No soy muy conocedora de su cine, pero intuía no estar preparada para verlo trapear el suelo con Kirsten Dunst -la heroína de turno- al igual que lo hizo con las pobres Bjork y Nicole Kidman. 

La confianza en mi querida amiga me ayudó a superar ese miedo, y a emprender el desafío de verla un sábado a las 23:30 de la noche sin terminar babeando el sillón. Ahí estaba Melancholía, esperándome en Santa Cuevana. Dos horas después, no sólo seguía despierta, sino que incorporada en el asiento, balanceándome sobre los brazos y con el colon al borde del colapso.

Es que el tema del fin del mundo, por estos días, nos tiene tiritones a todos. Y el que diga que no, mentiroso nomás. Que levante la mano quién no ha pensado donde estará, qué hará aquel último día (y con quién) o si la hecatombe lo pillará confesado. En medio de tal paranoia, se agradece una reflexión sobre el tema como la que hace Lars von Trier en Melancholia: sugerente, pausada, trágicamente sublime. Sin héroes kamikazes, rascacielos caídos ni presidentes dando discursos maqueteados.  Ideal para tomarse con calma esto del apocalipsis.


Porque en el universo de Melancholía no hay cabida para accesorios ni 
escenas de relleno; el hecho es que un planeta homónimo se acerca peligrosamente a la tierra, y no hay nada por hacer para evitarlo. Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), dos hermanas muy distintas pero dependientes entre sí, se enfrentan a lo que viene: Claire se refugia en lo seguro, en su marido millonario y escéptico, en su mansión en la campiña inglesa, en su hijo que -como todos los niños- es el que más clara la tiene. Mientras, Justine hace un último intento por encajar en una realidad que jamás ha entendido, sólo para descubrir que ahora le hace menos sentido que nunca.

El día del matrimonio de Justine, confluyen en la mansión de Claire todos quienes orbitan a su alrededor; la madre lejana, el padre infantil, el novio ignorado. Y mientras la ceremonia intenta a duras penas seguir su curso, Melancholia ronda la tierra como la más ingrata de las visitas, despertando en Justine esa ansiedad de reconocer el fin inevitable.




Melancholia es de esas películas que te incomodan, te sacuden y hacen lo que quieren contigo. No hay ninguna llamada, imprevisto o necesidad biológica que amerite poner pausa. Una vez que entraste en su atmósfera, ahí quedaste. Mientras la cámara se inmiscuye en la angustia de las protagonistas, te invade una cierta melancolía por algo ya olvidado, pero que siempre ha estado ahí, acechándonos como el más gigante de los planetas; por aquellos tiempos en que teníamos más claridad de lo pequeños y frágiles que somos; por saber que la naturaleza ganará ésta y todas las partidas y que, paradójicamente, su victoria nos hará sonreír.

Melancholia se desvió camino a Chile. Las desafortunadas declaraciones del director respecto al nazismo en una conferencia de prensa en Cannes (“yo entiendo a Hitler” fue lo más suavecito), suspendieron su distribución en Sudamérica. Pero si tenemos suerte y los planetas se alinean, puede que este año llegue a Chile en dvd, o incluso que la encontremos en alguna sala de cine, perdida en el olvido. Así que atentos, porque este tipo de películas son como el cometa Halley. Y si pestañamos, puede pasar de largo.




8 de septiembre de 2011

Medianoche en París: Nostalgia Compartida

(Publicada en El Dínamo , jueves 8 de septiembre, 2011 )

Cuatro minutos. Ese es el tiempo  que Woody Allen se toma al inicio de su última película, para mostrar imágenes de Paris y despertar la envidia general de los presentes. Una eternidad, para aquel que espera un comienzo rimbombante y con guiños a la historia que se viene. Un lujo justificado, para los que le perdonamos todo a Woody. Porque aunque los años de la genialidad de Annie Hall y Zelig se estén transformando en un recuerdo cada vez más borroso, yo siempre lo he querido al viejo ese. Ingrato por lo demás. Y feo. Y  mañoso. Pero tan genial, que aunque uno se encuentre con chascarros como Scoop en el camino y se amurre por un rato, la tontera se quita rápido, y partes a ver la próxima con la esperanza de algo mejor. Porque cuando tu amor por el neoyorkino es genuino, no te frena el miedo a la decepción; ni siquiera la amenaza del desencanto definitivo.



Debo confesar que me senté a ver Midnight in París con cierta desconfianza, pensando que en la última parada de “Woody on tour” me iba a encontrar con algo tipo  Vicky Cristina Barcelona o Conocerás al hombre de tus sueños,  a la francesa. Películas simpáticas, con destellos de genialidad, pero no fascinantes  (fascinantes a lo Annie Hall.) Ahora, se avistaban actores más rubios y bronceados,  locaciones más glamorosas e ingredientes extras como la aparición de Carla Bruni (y los supuestos celos de Sarkozy a Allen. Plop). Por separado, todos elementos atractivos. Más no garantes de la genialidad de antaño.

Pero… ¡A-leluya! (y ahora paso a dirigirme al propio director) La hiciste de nuevo, viejo querido. Woody is back. Te las mandaste con el bendito filme. A estas alturas, no me importa exagerar o incluso mandarme un Solabarrieta y decir: ¡Sí, estoy llorando, y qué! Es que lograste lo imposible: me devolviste la esperanza en un cine mejor. Lo que en mi caso, es igual a una vida más feliz.


Mientras sonreía al ver a Gil (Owen Wilson), tu versión rubia y esbelta, subir escaleras por París –claro, tú ya no estás para esos trotes- me acordé de mi querida  “La rosa púrpura del Cairo”, cuando Mia Farrow ve incrédula como su galán sale de la pantalla para rescatarla de  la vida real. Algo tienes con el pasado, hace tiempo te saqué la foto. Te gusta la onda en sepia, el olor a naftalina (nada personal…), el bigotillo escueto y ese halo de inocencia que parecen tener los que vivieron en tiempos más “simples”, ingenuidad que hoy se nos hace casi inconcebible. Pero, entérate, no eres el único fascinado con esos días; somos muchos los que alucinamos con lo clásico, que preferimos la música de antaño, que aún no somos viejos pero le encontramos sentido a la frase “todo tiempo pasado fue mejor”. Quién sabe si más feliz. Pero ante nuestros ojos, más especial.


“¡Ustedes son los surrealistas, no yo! “, le dice un desconcertado Gil a Dali y Buñuel en una de las mejores líneas que he  visto en  el cine. Y como tampoco soy surrealista, debo confesar que a ratos tu propuesta  me pareció exacerbada: Hemingway, Scot Fitzgerald, Dali, Buñuel, Picasso, Cole Porter.  Todos en la misma fiesta. Todos de buen humor. Todos con ganas de conversar. Dónde se ha visto. Ni en los mismos años 20. Pero al final, poco me importa. El gusto de ver la cara de sorpresa de Gil, sus caminatas nocturnas por París, sus conversaciones con Hemingway, su coqueteo pueril con la llamada “groupie del arte” Adriana (Marion Cotillard)…eso, no me lo quita nadie.

No se puede tener nostalgia de lo no vivido, pero intuyo que sí es posible añorar lo imaginado; tal vez, la idealización del pasado tenga que ver con esa infundada certeza de creer que antes  todo era más sencillo. Aunque sepamos que no es tal, que  lo que hoy nos parece simple quizás antes se nos habría hecho un mundo…pasan los años, y la vida se hace más compleja. Pero la capacidad de aguante, también.

Lo cierto es que mientras tratamos de sobrellevar el presente y sus ratos de monotonía, la memoria de lo que no fuimos, puede transformarse en una bocanada de  aire fresco. El cine, de cierta forma, se trata de eso,  de ser otro, de vivir un pedazo de tu mundo soñado.  En este caso, Woody, yo coincido con el tuyo.



21 de julio de 2011

Por qué amo el cine (o carta abierta a Cassavetes y Héctor Soto)

“Mientras más vivo, menos confío en las ideas y más en las emociones”. Esta frase, del cineasta Louis Malle, se acaba de transformar en mi leit motiv. No sólo por lo certera, sino por ayudarme a entender un poco más mi obsesión por el cine; por qué a veces prefiero quedarme suspendida en la pantalla que volver a la realidad; por qué no hay puntos medios ni cordura que valga cuando se trata del director de mis afectos; por qué soy capaz de llorar a mares al ver una película, simplemente cuando me supera la belleza de lo filmado.

Precisamente, esta cita la encontré en el libro del periodista Héctor Soto "Una vida crítica" (2008), días antes de que iniciara su ciclo de conferencias “Certezas y dudas, cuatro maestros del cine norteamericano: Ford, Hawks, Cassavetes y Scorsese” en la UDP. Dado mi interés por sus reflexiones, y la necesidad urgente de un espacio cinéfilo, me propuse ir a todas. Las de John Ford y Howard Hawks fueron un desafío personal, ya que siempre me ha costado digerir los western, no paso mucho esa hombría maqueteada y la boca fruncida de John Wayne; lo cierto es que disfruté las dos. Pero conocer a John Cassavetes- director clave del cine independiente gringo, pero independiente for real, sin lucas, estudios ni espaldarazos de hermanos Weinstein –, eso sí que me hizo tilín.

Desde ahora, para mí Cassavetes y Héctor Soto están irrevocablemente unidos. Del primero, me enamoré en la extraordinaria El bebé de Rosemary  (1969, Polanski), con su rol de marido indolente y burlón, sin saber que era aún más genial detrás de las cámaras; al segundo siempre lo he admirado, por su vocabulario, amplitud de intereses y juicios sensatos.


Gracias al crítico aprendí de Cassavetes, un director que –dice el propio Héctor- "ante todo fue actor". Quizás eso explica su obsesión por los primeros planos, por agobiar a los personajes y al espectador, por detenerse en las sensaciones y estancarse sin pudor en los detalles. Y, sobre todo, por dejar a los actores fluir a su suerte, desamparados pero libres...aprendí que su primera película, Shadows (1959), fue ignorada en EEUU pero aclamada en el Festival de Venecia, lo que demuestra que hay cosas que nunca cambian…que su quinta película, Una mujer bajo influencia (1974), logró por fin cautivar a una crítica esquiva y demasiado amiga de las grandes producciones. También aprendí que sí puedo discrepar con Héctor, porque para mí antes que actor, Cassavetes fue un director. Un cineasta apasionado y absolutamente libre, de esos que quedan pocos y que, adhiriéndome con cierta tristeza al lapidario juicio del crítico, “probablemente no volvamos a ver jamás”.




Como espectadora, defiendo hasta la muerte la idea de que el cine no es privilegio de algunos, sino placer para todos. Y en eso, Héctor Soto es un crítico de los nuestros. De los que hacen juicios elevados pero valoran  las apreciaciones fútiles y simples; que eligen rescatar del olvido a directores como Cassavetes, antes que ensalzar a los conocidos de siempre; que disfrutan compartiendo anécdotas, fechas y todas esas  nimiedades que tanto apreciamos los cinéfilos; que instalan el análisis afectivo por sobre el catedrático, intuyendo que es mejor desconfiar de las ideas, que no creer en las emociones.



PD: Cinéfilos, no todo está perdido; este martes 21 es la última conferencia, sobre Martin Scorsese. Facultad de Comunicaciones y Letras UDP, Vergara 240, 18:30 horas. Avíspese aquí 










3 de junio de 2011

Conocerás al hombre de tus sueños: Woody is back

Mea culpa. No tengo excusas para defender mi evidente período de flojera creativa, ni tampoco quiero hacerlo; lo importante, queridos cinéfilos, es que he vuelto. Y qué mejor regreso que de la mano -que alguna vez estreché- del señor Woody Allen. Sí señores, el octogenario la hizo de nuevo. Él, que cada día está más senil y mañoso pero sigue dándose el lujo de hacer una película por año, refresca la agonizante cartelera chilensis con su penúltima película Conocerás al hombre de tus sueños.

Como la gran salida nocturna de la semana, partimos al cine con mi galán (pobre, ha tenido una sobredosis de Woody en los últimos dos años) y una pareja de amigos; ella, mi partner en lo que al director gringo se refiere (y con quién acuñé el término “sensación Woody”, calificativo que inquieta a nuestros cercanos y que alguna vez explicaré); él, menos pasional para sus juicios, pero con una premisa a cuestas: “mientras no aparezca Woody , todo bien. Si aparece, me quedo dormido”. Excelente apreciación, my friend. Es que en el universo del director coexisten dos tipos de películas; en las que aparece en pantalla, y en las que no. Para algunos, la primera opción puede ser insufrible. Para otros, he ahí la gracia del asunto.

Cómo ha sido tónica en los últimos años, esta vez el caballero se quedó detrás de la cámara. Y los cuatro coincidimos en que nos hizo un favor. Porque a falta de su presencia frenética, retomó esa esencia que pareció diluirse en El sueño de Casandra, Vicki Cristina e incluso Match Point y que recuerda a Manhattan, Deconstruyendo a Harry, Melinda & Melinda y al universo caótico neoyorkino que tanto queremos quienes todavía lo queremos.


Esta vez, la  mezcolanza dice así: dos matrimonios en crisis; un aspirante a escritor tan perseverante como fracasado; Antonio Banderas en su nuevo rol de “galán latino pero maduro”;  un viejo (Anthony Hopkins también le pega a la comedia!) con crisis de “mediana edad”, que deja a su mujer por una jovenzuela  (algo así como la versión sin carisma de Mira Sorvino en  Poderosa afrodita);  la mujer de Hopkins, muy distinta a la jovenzuela sin carisma, que al verse desechada recurre a una adivina con nombre y cara de fraude, pero que al final no era tan fraude…todos se relacionan, se confunden, se pelean, se arrepienten, agachan el moño y terminan mirándose el ombligo, porque tienen demasiada fe en sí mismos, pero poca fe en la vida misma. La sorpresa es que sólo a uno de ellos le toca un final feliz.

Aquí, Woody enreda sin tapujo el drama con la comedia, lo amargo con lo irónico, lo inverosímil con lo cotidiano.Y aunque siendo justa con el camino recorrido, no la llamaría una  de sus GRANDES películas, tiene momentos, diálogos y vueltas brillantes; destellos de la genialidad de Annie Hall o Zelig que por dios que se extrañan y le pueden alegrar el día a una.


“A veces, las ilusiones curan más que los remedios”, dice uno de los personajes al final de la película. He aquí  la moraleja que nos deja el tio Woody; la más cursi que le he visto, pero también la más verdadera.