(Publicada en El Dínamo , martes 31 de enero, 2012 )

La confianza en mi querida amiga me ayudó a superar ese miedo, y a emprender el desafío de verla un sábado a las 23:30 de la noche sin terminar babeando el sillón. Ahí estaba Melancholía, esperándome en Santa Cuevana. Dos horas después, no sólo seguía despierta, sino que incorporada en el asiento, balanceándome sobre los brazos y con el colon al borde del colapso.
Es que el tema del fin del mundo, por estos días, nos tiene tiritones a todos. Y el que diga que no, mentiroso nomás. Que levante la mano quién no ha pensado donde estará, qué hará aquel último día (y con quién) o si la hecatombe lo pillará confesado. En medio de tal paranoia, se agradece una reflexión sobre el tema como la que hace Lars von Trier en Melancholia: sugerente, pausada, trágicamente sublime. Sin héroes kamikazes, rascacielos caídos ni presidentes dando discursos maqueteados. Ideal para tomarse con calma esto del apocalipsis.

escenas de relleno; el hecho es que un planeta homónimo se acerca peligrosamente a la tierra, y no hay nada por hacer para evitarlo. Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), dos hermanas muy distintas pero dependientes entre sí, se enfrentan a lo que viene: Claire se refugia en lo seguro, en su marido millonario y escéptico, en su mansión en la campiña inglesa, en su hijo que -como todos los niños- es el que más clara la tiene. Mientras, Justine hace un último intento por encajar en una realidad que jamás ha entendido, sólo para descubrir que ahora le hace menos sentido que nunca.
El día del matrimonio de Justine, confluyen en la mansión de Claire todos quienes orbitan a su alrededor; la madre lejana, el padre infantil, el novio ignorado. Y mientras la ceremonia intenta a duras penas seguir su curso, Melancholia ronda la tierra como la más ingrata de las visitas, despertando en Justine esa ansiedad de reconocer el fin inevitable.

Melancholia se desvió camino a Chile. Las desafortunadas declaraciones del director respecto al nazismo en una conferencia de prensa en Cannes (“yo entiendo a Hitler” fue lo más suavecito), suspendieron su distribución en Sudamérica. Pero si tenemos suerte y los planetas se alinean, puede que este año llegue a Chile en dvd, o incluso que la encontremos en alguna sala de cine, perdida en el olvido. Así que atentos, porque este tipo de películas son como el cometa Halley. Y si pestañamos, puede pasar de largo.