10 de febrero de 2017

La La Land: Otro día de Sol


En estos días de frenesí cinematográfico, festivales, ilusiones y antesalas -mi época favorita del año- ando como en las nubes de un musical. Mientras me pierdo en el mundo de los trailers y carteleras, devoro cada artículo que se me cruza y guío todas las conversaciones hacia el ámbito de mis afectos, me ronda una inquietud que necesito compartir: ¿Decir que te gustó La La Land, es “cinéfilamente” incorrecto? No sé ustedes pero yo tengo esa impresión, alimentada por los feedback que percibo en redes sociales, compañeros de estudio y conversaciones de pasillo. Siento que declarar tu amor por la película puede condenarte en ciertos círculos y que otros juicios, como decir que es un lindo voladero de luces sin profundidad, un recocido de otros musicales superiores o una película edulcorada y cliché hecha para ganar el Oscar y hacer tararear a las masas, obtienen la venia de los más entendidos. Todas las opiniones son válidas e incluso en algunos casos puedo compartirlas. Pero mi pregunta es: ¿Por qué ese tipo de comportamiento es mejor visto que confesar tu pasión por La La Land y tus ganas de tararear Another Day of Sun sin pudor?


A 24 horas de haber visto la película, aún no tengo la respuesta; todavía me debato entre la deformación profesional, el “deber crítico” y el angelito bueno (ese con forma de cupido que te dice “escucha tu corazón", “eres una princesa de Disney” y otras cosas lindas). Pero mientras oigo la banda sonora en repeat, decido dejarme llevar y reconocer mi condición: No puedo sacarme la bendita película de la cabeza. Mi actriz de Hollywood frustrada interior cayó redondita, quiere salir a la calle a bailar tap, dar vueltas en los faroles, vivir en un departamento con roomates lleno de poster de cine sin enmarcar e incluso está considerando comprarse un vestido amarillo. Le soltó la mano a Ryan y ahora está volando en un cielo de utilería del que no quiere bajar…




Aunque lo que siento por La La Land se parezca al amor, no es un sentimiento ciego. La historia de Mia y Sebastian -la aspirante a actriz y el pianista frustrado que entre audiciones, desencantos y fracasos buscan su oportunidad en L.A.- creo que sí peca de excesos: momentos predecibles y clichés, algunas secuencias demasiado largas y otras a mi gusto innecesarias (como el vuelo de Mia) que más que emocionar invitan al sueño. Pero cuando uno se enamora, lo hace con defectos y todo, ¿o no? Siguiendo los pasos del angelito bueno, ahora escribo con la convicción de que La La Land logra su principal objetivo: entretener y cautivar. Al menos a mí me cautivó de forma bastante interactiva: moviendo los pies en mi asiento con cada canción, imaginando cuál gama de colores sería predominante en la escena siguiente, adivinando cuántas audiciones fallidas estaban por venir e incluso contando las referencias a West Side Story, Grease, Dancer in the Dark y a la inigualable maravillosa soberana absoluta Singing in the rain (me perdonan la exageración y el paréntesis, pero aquel que esté leyendo y no haya visto Singing in the rain, lo invito amablemente a dejar de leer, conseguirla y verla. Ahora ya.)




En ese contexto, el de un público quisquilloso y exigente que no acepta copias baratas y ya mira con recelo el exceso de referencias, el tercer largometraje de Damien Chazelle es casi un acto heroico. Después de la aclamada Whiplash, el director se mete en las peligrosas aguas del musical, género vilipendiado que despierta odios y pasiones y parece estar siempre al borde de desaparecer. Si sale airoso de esta prueba, creo, es porque su La La Land es mucho más que un capricho o un homenaje al género; algunos momentos de la película -como cuando Sebastian reflexiona con Mia sobre la muerte inminente del jazz y la necesidad de reinventarlo para las nuevas generaciones- así como su estructura narrativa y las referencias deliberadas al cine de la época dorada de Hollywood, con toda su inocencia, su recato (solo un par de besos locos entre los protagonistas) y números musicales interminables, para mí revelan una intención: rescatar el modo clásico de hacer las cosas, dar un nuevo inicio a lo que parecía agotado y aferrarse a aquello que tememos olvidar.

Hay veces en que las proezas técnicas revelan el truco y la excesiva preocupación por los

detalles quitan espontaneidad a una película. Y aunque a ratos la estética y el ritmo de La La Land esté al borde del manierismo, para mí no alcanza a abandonar esa fluidez, porque nunca pierde su alma. Que Ryan y Emma no canten ni bailen demasiado bien, que no se vean extremadamente guapos (o que al menos lo intenten con Emma, rodeándola de puras versiones de ella misma más altas, voluptuosas y bronceadas) e incluso que todo parezca una escenografía, cartones y luces que en cualquier momento se pueden desvanecer, es un modo de hacer un punto. De recordarnos que el Cine lo es todo y a la vez no es más que eso, historias grandiosas de gente normal, imágenes y momentos que se escapan y a veces se olvidan; es soñar y despertar de sopetón, es enamorarse y desencantarse, es estar en la oscuridad absoluta hasta que encuentras un foco que te vuelve a iluminar.


18 de octubre de 2016

MANIFIESTO

Pasa en las películas, pasa en la vida real. Es cierto, la ficción se nutre de la realidad y viceversa ; pero cuando un día notas que a veces se te hace complejo diferenciarlas, entonces empiezas a preocuparte por tu sanidad mental…
O te entregas por completo a la evasión de la realidad, o te haces cargo y enfrentas tu condición soñadora, creando un mundo legítimo dónde la locura y el ego tengan cabida. Para eso creé este espacio, para volcar sin tapujos todas esas obsesiones producto del excesivo protagonismo que el cine ha tenido en mi vida; sin límites de horarios ni censura. Y para todo espectador

La sobredosis de imágenes, encuentros y desencuentros, féminas idolatradas, galanes ensalzados y bandas sonoras que he consumido en mi vida hace que el día a día  pase frente a mis ojos como una película: los recuerdos de esas escenas me motivan, me frenan, me condicionan y definen lo que soy y quiero ser. Y aún sabiendo que la imaginación de los guionistas a veces es tan ilusa como fértil, igual nomás. Me la creo, y me lo creo.


Cine, escritura y ego: los tres confluyen en este espacio de ideas, sueños y desahogos, donde puedo hacer justicia conmigo y con mis pasiones, además de tener la esperanza de que alguien lo lea con interés…porque si les digo que no espero comentarios, mentiría…OJALÁ se llene de posteos, me lluevan las flores, se produzcan discusiones acaloradas, se caiga el sitio y me ofrezcan recopilarlo en un libro. Pero, bajando las revoluciones, me contento con saber que lo leyeron.
Porque aunque su intención no es ser un espacio de crítica, sí puede servir como referencia para comentar, ver o dejar de ver una película...de verdad, me encantaría...

¡Ya! No más voces externas-o internas- diciendo “!Paula, tu vida no es una película”! Llegó la hora de aterrizar en la dura realidad. O de seguir arriba de las nubes cinéfilas, aunque sólo sea en un mundo virtual.



13 de octubre de 2016

Il mio film italiano


Una giornata particolare ho lasciato il mio paese natio. Cercavo un nuovo palcoscenico che mi permettesse di stravolgere il copione della mia vita; rimanere in Cile significava conoscere già, più meno, il finale. Attraverso il mio percorso europeo, ho vissuto la bellezza e anche il disprezzo della Francia, ho dato uno sguardo alle vite degli altri in Germania e al bianco e rosso della Polonia di Kieslowski. Tutti colori di uno stesso continente, contraddittorio e affascinante.


Il colpo di fulmine però è arrivato in Italia, dove ho voluto fermarmi e vivere il mio film
italiano. Quell'Italia del poliziotto dai baffi sottili e sguardo alla Clark Gable, che nel'angolo del mercato gioca più a fare il galante che il protettore dell’ordine pubblico. Quello dei “buongiorno principessa”“la piazza è mia” e “Marcello, Marcello”, di Totò perso a Milano, di Monica Vitti persa a Ravenna, di Anna Magnani che affronta il dopo guerra, di Sophia Loren che diventa mito. Quell’Italia che Fellini interpretò in chiave onirica, Visconti come una borghesia in declino, De Sica come una società che soffre, Benigni come un popolo che ha bisogno, imperiosamente, di ridere di se stesso.




Con momenti di “dolce far niente” e alte dosi di pasta e gelato, il mio film italiano è ambientato in una terra bellissima, viscerale e piena di colori, dove sono a mio agio perché tutti parlano con le mani. È costruito anche di momenti grigi, nostalgia, sconforto e incertezza, ma soprattutto è un racconto pieno di realismo magico, con villaggi di favola, maghi e maghe, incontri mitologici, uomini e donne con le ali enormi. 


Scrivere, come il cinema, è un’arte selettiva; per quello, scelgo di mostrare il pezzo felice del mio
film italiano, sapendo che questa terra è tantissimo di più che stereotipi, colline con cipressi e piaceri culinari. Questa volta, non voglio parlare della crisi, della nostalgia per la prosperità del passato, sui soliti sospetti che hanno questo fantastico paese nelle loro mani. Questa volta voglio coprire il Sole toscano con un dito, essere come Bjork nel film “Dancer in the dark” e affrontare il giorno come se fosse un musical, rifugiarmi nei cliché e volare nel “blu dipinto di blu” di Domenico Modugno, dove le condizioni della vita reale non riescono a oscurare l’eterna bellezza che l’Italia non perderà mai.

Perché il mio film italiano mi ha fatto vedere la Grande Bellezza, quella che non si trova nella bocca degli esperti ma nei protagonisti della mia storia: i miei amici italiani. Quelle persone reali ma con anime mitologiche, che per una felice coincidenza si sono intrecciate alla mia avventura, facendomi sentire sempre a casa, e diventando allo stesso tempo, la mia famiglia. Loro fanno parte di un copione che sto ancora scrivendo, e con la loro semplicità e dolcezza infinita rendono più facile ogni passo del cammino. Non importa se non vengono da un film di Visconti o Fellini, per me sono tutte stelle, che brillano di luce propria, che hanno fatto del mio film italiano il più bello, emozionante e reale di tutti. Uno che spero sia soltanto all’inizio.



15 de septiembre de 2016

Mi película italiana

Una jornada particular dejé mi país natal. Buscaba un nuevo escenario que me permitiera poner de cabeza el guión de mi vida: quedarse significaba conocer ya, más o menos, el final. Esta aventura, como todas, ha tenido de dulce y de agraz: viví la belleza y El desprecio de Francia, eché un vistazo a La vida de los otros en Alemania, me subí a esos Tacones lejanos de la movida madrileña y vi el Blanco y el Rojo de la Polonia de Kieslowski. Todos colores de un mismo continente, contradictorio y fascinante. 

Pero el enamoramiento definitivo vino en Italia, donde desde hace dos años estoy viviendo mi propia película italiana. La de la viejita vestida de negro que ve pasar el día sentada en la vereda, murmurando una plegaria en un dialecto casi extinto; la de la ropa que cuelga por las ventanas, orgullosa como el más solemne estandarte, sin ánimo de secarse nunca. La de la vespa que pasa al filo de la vereda, ruidosa, insolente e irremediablemente glamorosa. La del policía con bigote fino y mirada de Clark Gable, que en la esquina de un mercado juega más al galán que al protector del orden público. La de los buongiorno principessa, la piazza è mia e Marcello, Marcello!, la de Totò perdido en Milano, la de Monica Vitti perdida en Ravenna, la de Anna Magnani encarando la post guerra, la de Sophia Loren transformándose en mito. Esa Italia que Fellini interpretó con notas oníricas, Visconti como una burguesía en decadencia, De Sica como la crítica a una sociedad dolida, Benigni como un pueblo que necesita, imperiosamente, reírse de sí mismo.



Con momentos de dolce far niente y altas dosis de pasta y gelato, mi película italiana está ambientada en una tierra visceral y colorida donde me siento parte porque todos son intensos y hablan con las manos, que me hace sentir importante, pero a la vez un pestañeo en un segundo de Historia, y donde se hace imposible abarcar tanta belleza. Se ha construido también de notas grises, añoranza de mi gente, renuncias, desencuentros e incertidumbre. Pero, por sobretodo, ha sido un relato lleno de realismo mágico, con pueblos encantados, magos y magas, sincronías cósmicas, encuentros mitológicos, hombres y mujeres con unas alas enormes, al lado de un co- protagonista que es además el mejor compañero de viaje, y que en sus infinitos roles ha sabido ser héroe, galán, maestro, amigo y príncipe azul.





Escribir, como el cine, es un arte selectivo; por eso, me tomo la libertad de mostrar el fragmento feliz de mi película italiana, sabiendo que esta tierra es muchísimo más que estereotipos, colinas con cipreses, y placeres culinarios. Tanto más, que ni siquiera podría abarcarlo. Esta vez, no quiero detenerme en la crisis, en la añoranza de la prosperidad de antaño, en los sospechosos de siempre que tienen el país en sus manos. Esta vez quiero tapar el sol de la Toscana con un dedo, ser un poco Bjork en Bailarina en la Oscuridad y enfrentar el día como un musical, refugiarme en los clichés y volar en el blu dipinto di blu de Domenico Modugno, donde las circunstancias de la vida real no logran opacar esa eterna belleza, de la que Italia jamás podrá ser despojada.


Porque ante todo, mi película italiana me ha permitido ver de cerca la Grande Bellezza, de esa que se habla en los libros de Arte, en las canciones populares, en los clásicos del cine. La gran belleza, para mí, está en los protagonistas de la historia: mis amigos italianos. Esas personas reales con almas mitológicas, que por una alegre coincidencia se cruzaron en mi aventura, haciéndome sentir en casa y transformándose a su vez en mi familia. Ellos son parte de un guión que todavía se escribe, y con su naturalidad y dulzura infinita hacen llevadero cada paso del camino. Aunque no vengan de un film de Visconti o Fellini, para mí son todos estrellas, que brillan con luz propia, que han hecho de mi película italiana la más linda, emocionante y real de todas. Esa que, espero, esté recién comenzando.





17 de enero de 2014

Mi encuentro con Woody Allen:el día que lo perseguí


“Nos sacó de la duda: ¿Qué hace esa chica con este tipo?” En una de sus campañas publicitarias, la revista Rolling Stone planteaba la interrogante junto a una foto de Woody Allen ¿Por qué mujeres como Mia Farrow y Diane Keaton, dos de las actrices más rubias, solicitadas y talentosas de su generación, perdieron la cabeza por Woody? Hoy, puedo llevar esa pregunta a mi propia vida ¿Por qué una chica como yo, a mis veintitantos, está loca por un tipo como él, setentón, desaliñado, “pervertido-incestuoso”, con un cúmulo de problemas de neurosis, autoestima y negativismo a cuestas, que está en terapia desde que cumplió la mayoría de edad? Sin embargo heme aquí, perdida por Woody. Citando sus frases célebres, con sus películas rebozando mi estante, tomando café en un tazón con su cara y con mis cercanos preocupados por mi salud mental.

El amor es ciego, pero nunca tanto. Porque más allá de la edad y el semblante de autopsia que hoy luce su enjuta humanidad, sé que Woody no es adonis. Pero tan brillante que se sobrepasa a sí mismo, y tan enrollado y neurótico que no se soporta a si mismo. Justo mi tipo de hombre. Para mí, su encanto radica en su torpeza pre-meditada y en una inteligencia aguda, disfrazada de absurdo, que provoca aplaudir cada una de sus torpezas. Así como creó en sus películas una especie de “Woody en el país de las maravillas”- lleno de personajes que piensan como él, hablan como él, se visten como él y enamoran a todas las heroínas de turno- yo creé mi propio mundo de fantasía alrededor de Woody. Un mundo dónde el destino hacía justicia, Scarlett y Penélope desaparecían del mapa y el director descubría en mí a la musa latina que daría inspiración a sus últimos y fructíferos años de vida.

Un viaje fortuito a Nueva York se transformó en la ocasión perfecta para cumplir mi sueño. Los lunes, sólo durante algunas temporadas, Woody toca el clarinete con la banda The Eddie Davis New Orleáns Jazz en elHotel Carlyle. Ahora que ya sabía dónde encontrarlo, me embarqué en busca del encuentro, dejando tras mío una estela de expectativas y promesas entre mis cercanos; tenía que volver con la misión cumplida, aunque tuviera que humillarme para lograrlo. Mis primeras horas en Nueva York no fueron muy promisorias; las entradas estaban agotadas hace un mes, y por un mes. Al ver como me tiritaba la pera, el portador de las malas noticias- el recepcionista del hostal- me dio un mensaje de esperanza: “anda al hotel, pon cara de pena y cuéntales tu historia. Dar pena siempre resulta”.

Así lo hice. Crucé el Central Park completito, ensayando el puchero y la historia de la niña que vino del
tercer mundo sólo para ver a su ídolo a menos de diez metros de distancia. Recién había empezado mi discurso lastimero cuando el administrador del hotel me hizo callar. “Hoy es imposible, pero vuelve el próximo lunes a las seis”, dijo. “Tendrás suerte”. Ese próximo lunes, llegué al Carlyle tres horas antes del concierto. Mi primer encuentro fue con Emilio, el portero del hotel, un salvadoreño que se sintió tocado por mi acento latino y mi entusiasmo desbordante. Emilio me llevó a conocer a Tony, el segundo eslabón de la cadena de favores, un maitre italo americano que parecía sacado del casting de El Padrino. Así, entre abuso de sonrisas, sin reservas, sin entrada y sin derecho a sentarme, me paré a esperar a Woody en el Café Carlyle. Aunque apenas le quedara aire para hacer sonar el clarinete. Aunque tocara el triángulo o la cajita china. Aunque sólo pudiera ver lo que queda de Woody.

Aparentando normalidad ante la elite presente, que enfrentaba con poco entusiasmo una noche más en el Carlyle, me paré en un rincón, lo más compuesta y estirada que pude. Pero apenas apareció en el escenario- silencioso, pálido y sin levantar la vista- se me desbordó la calcetinera que todas llevamos dentro. La más indigna de todas. Mientras gritaba, saltaba y bailaba lo que saliera de ese clarinete, Woody tocaba con los ojos cerrados, o agachaba la cabeza, bostezaba y se quedaba quieto. Nunca abrió los ojos, ni mostró alguna señal de afecto hacia el público presente, que ya empezaba a sospechar que había pagado 150 dólares por verlo dormir en el escenario. El desaire de Woody no hizo que mi ánimo decayera; es más, la hiperventilación pronto dio sus frutos, cuando un brasilero misterioso me invitó a conocerlo. Entre la champaña y la falta de vergüenza terminé persiguiendo al desconocido por los pasillos del Carlyle, mientras me prometía que Woody estaba esperando al final del arco iris. Finalmente, lo vi escabullirse hacia la puerta giratoria. ¡Woody!, grité. Nada. “¡Woody!” grité más fuerte. Ante el silencio, corrí y le toqué el hombro. Se dio vuelta. No puedo decir que crucé miradas con él, quizás un cuarto de sonrisa. ¿Puedo darte la mano?, le dije, en mi peor inglés. Me la dio, sin dejar de mirar al suelo. Simultáneamente, el cerebro me mandaba órdenes: “di algo inteligente, ojalá brillante. Es la oportunidad”. Entonces, ocurrió: “¡Woody, I love you! ¡I love you!”

Así, de un plumazo, todo se fue al suelo. Los sueños de grandeza, la esperanza de que viera en mi a su próxima musa latina intelectualoide. Ipso facto, me transformé en la perfecta presidenta del club de fans. Caí de cabeza en el canasto del montón. No contenta con la pérdida de dignidad, lo seguí hasta la calle, mientras el brasilero misterioso seguía mis pasos con la cámara, sin saber que en lugar de fotos estaba filmando un largo y tedioso video. Logré escabullirme entre la multitud que lo atosigaba, apoyé mi pera en su hombro y miré a la cámara, cachete con cachete de Woody. Y aunque en el video parezca posando con su efigie en el museo de cera, no importa demasiado. Esto de ser groupie nunca ha sido bilateral, sino más bien un acto de vanidad. Al menos, para mí lo fue. Porque no volví a Chile con las manos vacías, sino llena de los gérmenes seniles de Woody. Porque grité a los cuatro vientos todos mis sentimientos, aunque el mensaje sólo mareó al pobre anciano. Porque el registro audiovisual inmortalizó el momento en que compartimos espacio y tiempo, aunque él nunca se percató de mi existencia. Y porque después de verlo tocar el clarinete comprobé que, al igual que yo y el resto de los mortales, Woody Allen no es perfecto. Sólo por eso, ahora lo quiero más. 

La evidencia: única foto que logré con Woody...

15 de noviembre de 2012

Ruby Sparks: Novia se escribe



(Publicada en El Dínamo, 15 de noviembre)

La hoja en blanco. Quizás no haya nada más aterrador, en especial para quienes nos cuesta creernos el cuento en esto de la escritura. Mientras el miedo te paraliza y cantan los grillos a lo lejos, la muy ingrata permanece ahí, pálida y desafiante, sin nada que aportar más que un potencial ataque de ansiedad y miopía precoz. Y si el pánico va ganando la partida, cualquier pensamiento fugaz, llamado de la naturaleza o red social disponible se transforma en la excusa perfecta para dejar de intentarlo.


Me gusta pensar que todos pasan por eso alguna vez: los genios, los aficionados, los mediocres. Que el asunto no siempre tiene que ver con talento y disciplina; a veces, solo se trata de valentía. O incluso, de suerte. Lo cierto es que hace meses no me llega ninguna de las anteriores. El espacio en blanco se ha transformado en mi peor y más silencioso enemigo.

De algo así se trata Ruby Sparks, la película que me devolvió el ímpetu de escribir y que ya está en nuestras carteleras. Mi amiga Rocío, con su asertividad habitual, me la recomendó; creo que sus palabras exactas fueron “ve esta película ahora ya”.  Imperativa, pero con cariño. Le hice caso y aquí estoy, llevo más de tres párrafos y sonrío cuando me acuerdo de la película que acabo de ver.  Y de la buena idea que, para variar, no se me ocurrió antes.

Situémosla en el mapa. La dirigieron Jonathan Dayton y Valerie Faris, los mismos de Little Miss Sunshine. La protagoniza Paul Dano, el mismo flaco daltónico de Little Miss Sunshine. La escribió-y también la protagoniza- Zoey Kazan, que no aparece en Little Miss Sunshine pero podría haber sido la hermana de Little Miss Sunshine, y que además, es nieta del director Elia Kazan, novia del antes mencionado Paul Dano  y se llama Zoey, como Zoey Deschannel y todas las homónimas cool y talentosas de chasquilla perfecta que por estos días se multiplican como gremlins. Un engranaje bastante bizarro que, al menos para mí, es sinónimo de buen augurio.

La película se centra en Calvin (Paul Dano) un joven escritor al que todos llaman genio, dado el éxito de su primera y única novela. Diez años después, sigue viviendo de ese batatazo sin lograr nada remotamente parecido.  El peso del éxito precoz le hace paralizarse frente a la hoja en blanco, a su vida sentimental y básicamente, al contacto con los demás seres humanos. “Escribe lo que puedas, y luego desaparece”, dijo J.D.Salinger después del éxito del “El guardián en el centeno” y antes de transformarse en ermitaño. Calvin no sólo admira a Salinger, sino que también quiere esfumarse de la realidad.

A modo de terapia, comienza a escribir a la mujer de sus sueños, una joven etérea  y atormentada a la que llama Ruby Sparks (Zoey). Con la idea de Ruby llega todo lo demás: la inspiración, la incontinencia verbal y el surrealismo. Cuando el susodicho empieza a encontrar sostenes en los cajones y desodorantes femeninos en su baño, la cosa se pone brava. Porque Ruby anda dando vueltas por su departamento, usando su camisa y comiendo cereales. Y no señores, no es un delirio: Ruby existe de verdad. Y Calvin tiene el poder para reescribirla a su antojo.


Aunque a veces se envicie con ciertos recursos, como la manipulación del otro a través de la escritura y la participación de secundarios estrellitas-  para mi gusto, Annette Benning y Antonio Banderas  suenan más a capricho que a un aporte- es talentosa esta Zoey. Y además pilla, pues se dio el lujo de poner bajo el yugo de la máquina de escribir a su pareja en la vida real. Según ella misma cuenta, la idea se le ocurrió un domingo cualquiera, al ver un maniquí tirado sobre unas cajas vacías. Sí, claro. Yo he visto muchos maniquíes en mi vida, acostados, sentados y parados, y todavía no hago una película…

Pero dejemos la envidia de lado. Es  buena Ruby Sparks. Y desconcertante, lo que la hace mejor. Si logras sobrepasar el escepticismo inicial- ese lugar poco feliz en el que muchas veces nos quedamos estancados- la película se transforma en una gran sorpresa, donde lo inverosímil  se resuelve con solvencia y  terminas entregándote con gusto a la dinámica de lo descabellado.

Aunque podría ser una comedia romántica, me parece mezquino encasillarla en un género. Es que la volada de Zoey va más allá. Quizás sea cine fantástico, incluso metafísico, o un híbrido en la que también encajan El Ladrón de Orquídeas, Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos (obvio), Zelig y mi querida La rosa púrpura del Cairo. Un delirio con moraleja, media cursi, pero cierta: lo peligroso de buscar el amor a medida es que si lo encuentras, termina por aburrirte.


“Enamorarse es un acto de magia. Escribir también lo es”, reflexiona Calvin  mientras digiere la locura que acaba de vivir, y entiende que más vale dejarse llevar que intentar soslayar lo inmanejable. Además, creo yo, escribir es un acto de fe. Es confiar en que, sea en esta u otra dimensión, lo que escribes está comenzando a existir.



PD: La película está ahora en cartelera. Apuraos porque intuyo que no va a durar mucho.


13 de marzo de 2012

TALLER CINE LATINOAMERICANO: UN LUGAR EN EL MUNDO

QUERIDOS SEGUIDORES DE ESTE HUMILDE PERO EMPEÑOSO BLOG:


Les cuento que a partir de abril de este 2012, cumpliré una de mis tareas pendientes: dictar un taller de cine, en vivo y en directo. Así es, con una querida amiga nos pusimos la misión de traspasar nuestros conocimientos e infinita pasión por el cine, a todos aquellos que compartan esa inquietud con nosotras. Además,  brindar un espacio dentro de la semana, para cambiar la rutina, ponerle color a la vida y conocer más de cerca este maravilloso arte que tanto queremos.


El 23 de abril empezamos a dictar el Taller "Cine Latinoamericano: un lugar en el mundo", en la Casa Observatorio Lastarria (Villavicencio 395, Santiago). El objetivo de este espacio es analizar y visitar el camino del cine latinoamericano como forjador de identidad, generador de cultura, documento artístico e histórico. 


Asimismo, conocer la relevancia de nuestro cine sudamericano, sus distintos matices, corrientes y formas de representar la variopinta idiosincrasia de los países que lo conforman -tanto en su individualidad como en su conjunto- y entender el lugar que ocupa en la industria cinematográfica mundial.
Importante: No se requieren conocimientos previos de cine. Sólo el entusiasmo y las ganas de saber.
Aquí les dejo el Programa, donde está toda la información. Cualquier cosa, me pueden escribir a paufrede@gmail.com. LOS ESPERO!!!

 
Programa Taller:
  • Imparten: Paula Frederick Mena y Rocío Casas Bulnes
  •  Lugar: Observatorio Lastarria. Villavicencio 395, Santiago
  • Inicio: 23 de abril de 2012
  •  Duración: 3 meses
  •  Todos los lunes, 19:30 – 21:30 hrs.
  • Costo: $ 35.000 mensuales
  • Correo electrónico: tcinelatinoamericano@gmail.com
  • Dirigido a todo público. No se requieren conocimientos previos de cine.


Descripción
Analizar y visitar el camino del cine latinoamericano como forjador de identidad, generador de cultura, documento artístico e histórico. Se buscará observar sus distintos matices, corrientes y formas de representar la variopinta idiosincrasia de los países que lo conforman, tanto en su individualidad como en su conjunto. Para ello, además de analizar información cinematográfica podrán ser incluidos materiales literarios, visuales y de otra índole artística.
Algunas de las preguntas centrales a responder serán: ¿Cuáles son los elementos característicos y diferenciadores que hacen destacar al cine latinoamericano en el escenario cinematográfico mundial? ¿Qué diferencias y paralelismos hay en la filmografía de los distintos países latinoamericanos? ¿Qué relaciones mantiene la industria cinematográfica latinoamericana con la de los otros continentes? ¿Cómo dialoga el cine latinoamericano con la “historia oficial” y cuál es su propia narración respecto a la misma?

Contenidos centrales del programa:

Sesión 1
- Presentación del Taller
- ¿De qué hablamos cuando hablamos de “Latinoamérica” y de “cultura latinoamericana”?: cómo se construye a sí misma y ante los ojos del mundo.
- La ineludible mirada extranjera.
- Evolución del cine latinoamericano: ¿Cuándo nace? ¿Cómo se forja?
- Influencia europea. Principales exponentes: Argentina, México y Brasil. 

*Referencia filmográfica:
Nobleza gaucha (Argentina, 1915); Un duelo a pistola en el bosque de Chapultepec (México, 1896); El húsar de la muerte (Chile, 1925); Límite (Brasil, 1930)

Material complementario:
-Colón, Cristóbal y Vespucio, Américo. El nuevo mundo. Ed. UNAM. México, D.F. 2004.
- Santos Herceg, José. Conflicto de representaciones. América Latina como lugar para la filosofía. Ed. FCE. México, D.F. 2011

Sesión 2
- Encuentro de Cine Latinoamericano de 1967 (primer Festival de Cine de Viña del Mar): Aldo Francia, Miguel Littin, el cubano Tomás Gutierrez Alea y el argentino Fernando Birri.
- Nuevo cine latinoamericano: reflejo de una época signada por el sentir popular, las revoluciones sociales y la utopía.
-Influencia cinematográfica del neorrealismo italiano (El ladrón de bicicletas, Vittorio de Sica y El evangelio según Mateo (Pier Paolo Pasolini). 

*Referencia filmográfica:
Valparaíso, mi amor (Chile, Aldo Francia, 1969); El chacal de Nahueltoro (Chile, Miguel Littin, 1969); Los inundados (Argentina, Fernando Birri, 1961); Rio 40 graus (Brasil, Nelson Pereira dos Santos, 1955);  El ladrón de bicicletas (Italia, Vittorio de Sica, 1948); El evangelio según Mateo (Italia, Pier Paolo Pasolini, 1964)

- Dictaduras que han determinado rumbos del cine latinoamericano
- Revolución cubana, 1959: régimen de Fidel Castro. Movilización de las manifestaciones culturales y la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos ( ICAIC).
- La ideología en el cine pre y post-revolución en Cuba: Tomás Gutiérrez Alea (Memorias del subdesarrollo, La última cena), Humberto Solás (Lucía). Azúcar amarga; oposición al régimen de Castro.
-Dictaduras Argentina y Chile: quiebre en la producción cinematográfica

*Referencia filmográfica:
-Memorias del subdesarrollo (Cuba, Tomás Gutiérrez Alea, 1968); Fresa y chocolate (Cuba, Tomás Gutiérrez Alea, 1993); Azúcar Amarga (Cuba, León Ichaso, 1996); Julio comienza en julio (Chile, Silvio Caoizzi,1976); Sussi (Chile, Gonzalo Justiniano,1987); Vivir con alegría (Argentina, Palito Ortega, 1979); Tiempo de revancha (Argentina, Adolfo Aristarain 1981)

Material complementario:
-Muestra de la obra “El susurro de Tatlin #5”, por la artista Tania Bruguera (Cuba).

Sesión 3
-Edad de oro en México (décadas del 30, 40 y 50): La cara rosa de la moneda.
- Relación con la industria Hollywoodense
- Cine argentino y brasilero de la época, opacados por cine mexicano.
- María Félix, Dolores del Río y Pedro Infante: estrellas de exportación
-Clásica comedia mexicana: Tin tán, Cantinflas

*Referencia filmográfica:
Allá en el rancho grande (México, Fernando de Fuentes,1936); Doña Bárbara (México, 1943); Flor Silvestre (México, Emilio Fernández, 1942); Bugambilia (México, Emilio Fernández, 1945); Calabacitas tiernas (México, Gilberto Martínez Solares,1948)

Material complementario:
- Música mexicana de la época.
- Selección de fotografías de Juan Rulfo.


Sesión 4
- Cine mexicano
- Directores extranjeros en México: La fructífera obra mexicana de Luis Buñuel y Alejandro Jodorowsky (Los olvidados, Ensayo de un crimen, La montaña sagrada)
- Cine mexicano de exportación: Amores Perros, Y tu mamá también, El crimen del padre Amaro, Salvando al soldado Pérez
-  Tradición Fotográfica en Temporada de Patos
- Luis Estrada y caricatura política (El Infierno)

*Referencia filmográfica
Los olvidados (Luis Buñuel, 1950); Ensayo de un crimen (Luis Buñuel, 1955); La Montaña Sagrada (Alejandro Jodorowsky, 1973); Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000); Y tú mamá también (Alfonso Quarón, 2001); El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002); Temporada de patos (Fernando Eimbcke, 2004); El infierno (Luis Estrada, 20110); Salvando al soldado Pérez (Beto Gómez, 2011)

Material complementario:
- Selección de caricaturas políticas mexicanas, clásicas y contemporáneas.
- Presentación de una nueva divinidad contemporánea: la Santa Muerte.

Sesión 5
- Cine post-dictadura en Chile y Argentina
- El regreso a la democracia: nuevos aires del cine chileno. Gonzalo Justiniano, Ricardo Larraín, Miguel Littin
- Estreno de Palomita Blanca, 20 años después
- El regreso del cine argentino: Luis Puenzo, Adolfo Aristarain
-Argentina de exportación: Juan José Campanella y Nueve Reinas

*Referencia filmográfica
- Caluga o menta (Chile, Gonzalo Justiniano,1990); La Frontera (Chile, Ricardo Larraín,1991), Palomita blanca (Chile, Raúl Ruiz, 1973);  Johnny cien pesos ( Chile, Gustavo Graef-Marino,1993; La Historia Oficial (Argentina, Luis Puenzo, 1985); Un lugar en el mundo (Argentina, Adolfo Aristarain,1992); Pizza, birra, faso (Argentina, Bruno Stagnaro,1998); El hijo de la novia (Argentina, Juan José Campanella, 2001); Nueve reinas (Argentina, Fabián Bielinsky, 2000)

Material complementario:
- Selección de crónicas de la periodista argentina María Moreno.

Sesión 6
Cine y literatura:
- Eliseo Subiela y la poesía en imágenes audiovisuales  (Oliverio Girondo y Mario Benedetti, El lado oscuro del corazón, Pequeños milagros). 
- Cortázar en el cine (cuento “Las Babas del diablo” en Blow Up).
- Tradición literaria mexicana  (La ley de Herodes, Como agua para chocolate).
- Literatura chilena en el mundo (Ardiente Paciencia y El cartero, La casa de los espíritus).
- El mundo de José Donoso en el cine (Silvio Caiozzi y Coronación y Cachimba).
- La presencia de Vargas Llosa (Pantaleón y las visitadoras, La Ciudad y los Perros)

*Referencia filmográfica
El lado oscuro del corazón (Argentina, Eliseo Subiela, 1992); Pequeños milagros (Argentina, Eliseo Subiela, 1997); Blow up (Inglaterra, Michelangelo Antonioni, 1966); La ley de Herodes (México, Luis Estrada, 1999); Como agua para chocolate (México, Alfonso Arau, 1992); Il Postino (Italia, Michael Radford, 1994); La casa de los espíritus (Estados Unidos, Bille August, 1993); Coronación (Chile, Silvio Caiozzi, 2000); Pantaleón y las visitadoras (Perú, Francisco José Lombardi, 1999); La ciudad y los perros (Perú, Francisco José Lombardi, 1985)

Material complementario:
-Ibargüengoitia, Jorge. La ley de Herodes. Ed. Lecturas Méxicanas. México, D.F. 1987.
-Allende, Isabel. La casa de los espíritus. (sin más datos bibliográficos)
-Girondo, Oliverio. Obras completas. (sin más datos bibliográficos)
-Gelman, Juan. (selección de poesía)
-Benedetti, Mario. (selección de poesía)
-Esquivel, Laura. Como agua para chocolate. (sin más datos bibliográficos)
-Cortázar, Julio. “Las babas del diablo”. (sin más datos bibliográficos)
-Skármeta, Antonio. El cartero de Neruda. (sin más datos bibliográficos)
-Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras. (sin más datos bibliográficos)

Sesión 7
-Cine latinoamericano “Independiente”: una mirada hacia dentro
-  La belleza de lo contemplativo y del silencio.

*Referencia filmográfica
La teta Asustada (Perú, Claudia Llosa, 2009); El Perro (Argentina, Carlos Sorín, 2004); Whisky (Uruguay, Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, 2004)

Sesión 8
-Cine Brasilero: Doña Flor y sus dos maridos, Ciudad de Dios, Carandirú, Diarios de Motocicleta
-La diferencia de idioma y sus efectos en las interrelaciones culturales latinoamericanas.
- Brasil es considerado como la plataforma cultural más sólida en Latinoamérica.

*Referencia filmográfica
Doña Flor y sus dos maridos (Brasil, Bruno Barreto, 1976); Ciudad de Dios (Brasil, Fernando Meirelles, 2002); Diarios de motocicleta (Argentina-Chile-Perú, Walter Salles, 2004)

Material complementario:
-Diarios de Ernesto Ché Guevara.
-Selección de obras por artistas contemporáneos brasileños, en el área de la poesía, la música y las artes visuales.

Sesión 9
-Directores latinoamericanos contemporáneos absorbidos por la industria mundial:
- Fernando Meirelles (EL Jardinero fiel, Blindness)
- Walter Salles (On the road)
- Alfonso Cuarón (La Princesita, Hijos del Hombre, Grandes Esperanzas, Harry Potter)
- Alejandro Gonzalez Iñárritu (21 gramos, Babel, Biutiful)
- Guillermo del Toro (El Laberinto del Fauno)


*Referencia filmográfica
El Jardinero Fiel (Inglaterra, Fernando Meirelles, 2001), Blindness (Cánada, Fernando Meirelles, 2008); On the road (Francia, Walter Salles, 2011); La Princesita (Estados Unidos, Alfonso Cuarón, 19959; Hijos del hombre (Estados Unidos, Alfonso Cuarón, 2006); Grandes Esperanzas (Estados Unidos, Alfonso Cuarón, 1998); Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Inglaterra, Alfonso Cuarón, 2004); 21 gramos (Estados Unidos, Alejandro González Iñárritú, 2003); Babel (Estados Unidos-México, Alejandro Gonzalez Iñárritu, 2006); Biutiful (España-México, Alejandro Gonzalez Iñárritu, 2010); El laberinto del Fauno (España, Guillermo del Toro, 2006)

Sesión 10
-Latinoamérica según el mundo: cómo el cine europeo y norteamericano nos define a través de sus películas. Serge Eisenstein y Orson Welles en México: crónica de un fracaso anunciado (Viva México y It’s all true)
-Robert Rodriguez y El Mariachi). Viva Zapata (Elia Kazan) y el estereotipo del macho mexicano. Werner Herzog y la cultura amazónica (Aguirre, la ira de Dios, Fitzcarraldo, Cobra verde). La conquista española en También la lluvia). Reinaldo Arenas en Antes de que anochezca. Una visión de la dictadura chilena en Missing de Costa Gavras

*Referencia filmográfica
-El Mariachi (Estados Unidos-México, Robert Rodríguez, 1992); Viva Zapata (Estados Unidos, Elia Kazan, 1952); Aguirre, la ira de Dios (Alemania, Werner Herzog, 1972);  Fitzcarraldo (Alemania-Perú,Werner Herzog, 1982); Cobra verde (Alemania, Werner Herzog, 1987); También la lluvia (España, Iciar Bollaín, 2010); Antes de que anochezca (Estados Unidos, Julian Schnabel, 2001); Missing (Estados Unidos, Costa-Gavras, 1982)

Sesión 11
Cine chileno: La llegada del siglo XXI
El destape y el boom de taquilla (El chacotero sentimental, Sexo con amor, Los debutantes).
Nuevos clásicos: Andrés Wood (Violeta se fue a los cielos, Machuca)

*Referencia filmográfica
El Chacotero sentimental (Cristián Galaz, 1999); Sexo con amor (Boris Quercia, 2003); Los debutantes (Andrés Waissbluth, 2003); Machuca (Andrés Wood, 2004); Tony Manero (Pablo Larraín, 2008)

Sesión 12
-Novísimo cine chileno: La nueva ola del cine chileno y sus posibles proyecciones (La Nana, En la cama, La Sagrada Familia, Bombal, Joven y alocada, Violeta se fue a los cielos).
-Contraste con generación anterior (Boris Quercia, Cristián Galaz)

La Nana (Sebastián Silva, 2009); En la cama (Matías Bize, 2005); La Sagrada Familia (Sebastián Lelio, 2006); Joven y alocada (Marialy Rivas, 2012); Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood, 2011)

Material complementario:
-Selección de la nueva ola de música chilena y la nueva ola de poesía chilena (a quienes también se les llama los novísimos).
-Cavallo, Ascanio y Maza, Gonzalo. El novísimo cine chileno. Ed. Uqbar, Santiago, Chile, 2011

 Sesión 13
Entrega de Ensayos
Discusión final


*No todas las películas mencionadas serán enteramente exhibidas durante las sesiones. Sin embargo, son aconsejadas como material complementario.

Material extra

Bibliografía y material artístico de apoyo, el cual se irá ofreciendo a los alumnos conforme el curso avance. Este material será optativo y se destinará a enriquecer las lecturas del cine latinoamericano.
Se pedirá al final del taller un ensayo de tema libre donde cada quien sintetice alguna idea surgida del cine latinoamericano.

Imparten:

Rocío Casas Bulnes
Titulada en Literatura y diplomada en Estudios de Arte. Investigadora y escribana cinéfila. Fue alfabetizadora para adultos en comunidades campesinas mexicanas. Ha investigado, escrito artículos, entrevistas y narrativa para publicaciones periodísticas y especializadas en México, Chile, Estados Unidos, España y Rumania. Pronto se publicará su primer libro, un compendio de ensayos sobre Shakespeare en el cine de Woody Allen.


Paula Frederick Mena
Periodista Universidad Diego Portales. Diplomada en Cine y Estética, PUC. Se desempeñó en medios como revista Fibra, revista Prende, revista Tendencia y Revista Paula electrónica, entre otros, dónde se especializó en entrevistas y columnas sobre cine y televisión. Actualmente escribe sobre cine en diario digital El Dínamo (http://www.eldinamo.cl/author/paula-fredericky en el blog “La vida en 8 mm”